Me rebelo de los signos, porfío , porfío, porfío y me desgasto al golpearme en las paredes. Abro la boca y una tos extraña, un carraspeo, una bola de pelos de gato me recuerda rituales de exorcismo de pena que hace años rasgaron la garganta. Vomito de pena, devuelvo el vacío, me limpio con el dorso de la mano, apoyo la frente en los azulejos más cercanos, siento el frío en la piel, me acuesto en posición fetal en el piso, veo si sale una lágrima por la orilla del ojo, pero no.
Sólo me atoro con palabras muertas, con cadáveres lingüísticos, con mentiras disecadas, con olores prestados, con espacios intersticiales de luminosidad dudosa.
Y aunque duela, hay que salir de este conocido lugar.
Advertisement
uf! me siento identificada con la sensación, tienes razón… hay que salir de ese conocido lugar.