Deseo, puro deseo.

Deseo existir. No ser una idea o una imagen. Quizás recorrer las calles hasta abandonarme en camas de sábanas percudidas y olor penetrante a cloro. Quizás no ser yo, ser la otra, ser alguien que se imagina tras los ojos cerrados y en oscuridad, pero darle existencia al cuerpo más allá del dolor. Oler a hembra porque alguien quiere olerme.

Que me callen a besos, que las palabras se me agolpan en la garganta, en los ojos, en las puntas de los dedos, en el espacio del sobaco, en las corvas. Y pinchan, punzan, se enquistan. Dan naúseas. Quisiera nominar entonces, pero el deseo deseado es sólo una persistencia de la espera que parece sin salida.

Tirarme en una cama de metal y que alguien autopsie este dolor de no gustarte.

Anuncios

2 Respuestas a “Deseo, puro deseo.

  1. Carola, hace algunos días que leo tu blog. En más de una ocasión pensé en poner un comentario, puesto que muchas de tus frases son capaces de hacer mella en cualquier fibra medianamente sensible. Eres una poeta, aunque eso ya lo sabes, de seguro. Y eres de las buenas.

    El caso es que hoy no he podido resistir. A pesar de que sigo en mis días de timidez (que no son muy frecuentes) tengo que darte mi feedback. La prosa entera me encanta, pero lo de que “alguien autopsie el dolor de no gustarte” es demasiado. Demasiado bueno. Hasta el punto de llevarme al punto más común de la queja creativa ¿por qué no se me ocurrió a mí?

    Lo hermoso del arte, y en esto destaca la poesía, es que gesta milagros como éste, en el que alguien, (un otro, un desconocido) nos permite acariciar en su epidermis, ajena y expuesta, los accidentes de la propia piel: raspones, aberturas de corte limpio, magulladuras, cichones, cicatrices.

    Yo también quisiera una autopsia sobre el dolor de no gustarle “a él”. Quisiera un informe que calmara en parte mi continua y agotadora inquisición: ¿El origen patólogico de este tipo de dolor que al parecer compartimos tendrá raíces en una baja de autoestima mal curada (y quizás por ello crónica) o en un exceso de sensibilidad que faculta tanto para versar como para permanecer completamente ciega hasta la puñalada final? ¿Será signo de un padecimiento terminal o, al contrario, simple aviso de un cuerpo sabio que commina a evitar nuevos estragos por abuso del músculo cardíaco?

    Lo único que puedo decirte con propiedad y sin haber leído el informe es que pasa. El mío ha ido lentamente bajando de intensidad. Claro, eventualmente reaparece: una visita aguda que vuelve a apurar lágrimas. Pero estas crisis se distancian, ya lo verás.

    No hay fórmulas para todos. Es un padecimiento que requiere tratamiento particular. Pero hay una terapia básica (no importa que no te consuele ahora, o que te parezca repetitiva, no la mires con desdén): recordar con frecuencia que tu valor como ser humano es inalienable. Lo que otros prefieren o no proviene de su “cuento particular”, de la filosofía de vida que han elegido, de sus prioridades. En suma: de su manera de moverse en este mundo. Pero esta preferencia no es nunca un reflejo de tu valor ni consecuencia de tu esencia. No tiene nada que ver contigo. Es lo único que puedo adelantarte porque estoy segura de que saldrá en la autopsia. Los otro: bacterias oportunistas que atacan la dignidad, procesos degenerativos del amor propio, virus de sintomatología vaga y confusa que obnubilan la razón ya lo certificará el médico.

    Tú por lo pronto aplicate el remedio del perdón. Perdona y perdónate. Saldrás de esto

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s