Después del wonder bar…

después del wonder bar, nada puede ser lo mismo. Y estamos los dos gritando cuecas mientras la atmósfera está llena de cerveza y gritos. Lo telúrico, lo espasmódico, lo esperpéntico, lo ditirámbico. Lo esdrujúlico. Nada puede ser mejor que el grito que instala escaleras en el cielo. Nada puede ser más místico, egosintónico, estrambótico. Después del wonder bar, nada puede ser lo mismo. La garrafa, el chuico lleno de corchos, le chicha rosada como todos esos espacios de sensiblería. La Puta, tocaya y nerviosa, la cámara, el espacio. El estar sin estar siendo una pero más una que la integralidad gestáltica. Después del wonder bar ya nada puede ser lo mismo. Mi rueda, mi rueda que gira, que se hace pandero en mi mano, que invita a trazar de alegría impúdica la atmósfera, la que ahce que el absurdo del tiempo se haga zapateo. que el destino es mío mierda y todos los demás están más cagaos…

y que fue…

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