Lengua, labio, lenguaje, café.

Y Alicia vió la botella que le decía Tómame. Y el imperativo se le coló hasta bajo los huesos. Se le llenaron de deseos de tomar, bajo las axilas, en las ingles, las caderas. El deseo la crucificó en la cama, le bajaron los sudores, hizo de la noche la espera.

La posibilidad de cumplir el deseo se llamó maravilla. Entonces Alicia fue a ese país.

A colmarse.

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