a fuego lento

Me acrisolo en medio del sudor. No el externo sino el que me trago. Escupo furia torpemente, siguiendo los pasos de otros furiosos que han estado antes que yo. El cuerpo hecho cuero duro, dios me percute. Soy el djembé de los dioses. El pandero divino. El espacio intersticial en permanente tensión. Evoluciono a partir del caos, es cierto. El ojo del loco me taladra los huesos. Mi espalda se escribe sin letras. Mi lengua se retuerce en argumentos, cuando no hay otro argumento que oblique que no sea la belleza. El trenzar besos y versos, con clandestina laboriosidad. Les avisé a todos, y todos desdeñaron mi peligrosidad.

Un columbine de poemas.

No digan que no avisé.

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