Road movie.

Sincrónicamente sueño con caminos, ceniceros medio llenos, selvas, pirámides y agua. Aleatoria la música, aleatoria  la ruta y bien elegida la tripulación. Caravana para visitar lugares improbables, inexistente fuera de todo catálogo. Visitar cementerios en busca de héroes fracasados. Entrar a mercados a comprar especias y pertrechos de contrabando. Cargar una furgoneta (sólo porque la palabra furgoneta suena a road movie) y tirar un par de cosas ilegales para aumentar la adrenalina. Tener bitácora de viaje y anotar listados de locos, de putas, de yonkis, de musas y de gente por la cual valdría la pena queedarse o abandonar la vida toda por una certeza diurna o nocturna. Obviamente hay tiempos y espacios intersticiales que podrían valer la pena también.

Carreteras polvorientas, esa sensación que no hay nada que perder, nada que ganar, solo queda jugar.

y la invitación al juego es la profundamente adictiva.

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