mímesis

Yo imito lo que podría ser con tanta gracia, que todo el mundo me lo cree. Y todo, todo está planeado con una lógica y precisión milimétrica.
Sufro porque quiero, me enojo cuando lo necesito, me obligo a enamorarme 4 veces al mes para subir la circulación de la sangre. Renuevo los votos de pobreza antes de recibir el sueldo. El de castidad cuando nos despedimos, el de obediencia lo reservo para cuando lo necesite.
Escribo listas interminables de cosas que no haré, y otras que no pienso hacer. Añoro todos los lugares en los que no me quise quedar, y todos a los cuales no me han invitado.
Profundamente celosa de muchas, pero no por otro, sino por ese talento que han tenido de ser inmoralmente normales. Así de impúdicamente normal quiero ser una vez al año. En agosto. Y con los cerezos en flor.

bang

Las palabras se han hecho para decir mentiras.

Y yo no me banco el absurdo y el dolor de los vocablos.

No tengo la potencia de De Rokha para pegarme un escopetazo, a ver si de la herida de pólvora salen todos los absurdos que dejaste como herencia. Como no tengo esa posibilidad, me queda esta muerte.Adiós

a fuego lento

Me acrisolo en medio del sudor. No el externo sino el que me trago. Escupo furia torpemente, siguiendo los pasos de otros furiosos que han estado antes que yo. El cuerpo hecho cuero duro, dios me percute. Soy el djembé de los dioses. El pandero divino. El espacio intersticial en permanente tensión. Evoluciono a partir del caos, es cierto. El ojo del loco me taladra los huesos. Mi espalda se escribe sin letras. Mi lengua se retuerce en argumentos, cuando no hay otro argumento que oblique que no sea la belleza. El trenzar besos y versos, con clandestina laboriosidad. Les avisé a todos, y todos desdeñaron mi peligrosidad.

Un columbine de poemas.

No digan que no avisé.

Lengua, labio, lenguaje, café.

Y Alicia vió la botella que le decía Tómame. Y el imperativo se le coló hasta bajo los huesos. Se le llenaron de deseos de tomar, bajo las axilas, en las ingles, las caderas. El deseo la crucificó en la cama, le bajaron los sudores, hizo de la noche la espera.

La posibilidad de cumplir el deseo se llamó maravilla. Entonces Alicia fue a ese país.

A colmarse.