Hécate y lo correcto

Encrucijada, perros y noche.

Luego de conjugar el verbo soledad hasta dormir, sacar la espada y cortar el dolor en pedacitos.

Comerse el cadáver para no olvidar que el poder no se niega.

Endulzarlo con tus palabras, para no olvidar que se hicieron para mentir dulcemente.

 

Y de fondo, el atardecer.

rebeldía

Me rebelo de los signos, porfío , porfío, porfío y me desgasto al golpearme en las paredes. Abro la boca y una tos extraña, un carraspeo, una bola de pelos de gato me recuerda rituales de exorcismo de pena que hace años rasgaron la garganta. Vomito de pena, devuelvo el vacío, me limpio con el dorso de la mano, apoyo la frente en los azulejos más cercanos, siento el frío en la piel, me acuesto en posición fetal en el piso, veo si sale una lágrima por la orilla del ojo, pero no.

Sólo me atoro con palabras muertas, con cadáveres lingüísticos, con mentiras disecadas, con olores prestados, con espacios intersticiales de luminosidad dudosa.

Y aunque duela, hay que salir de este conocido lugar.

 

Amanece en la ruta…

Y tal como la cancioncilla aquella, yo tengo nostalgia de viaje y de partida sobre la piel.

Incluyendo los viajes inventados, los que nunca hicimos, los que no atreviste a hacer. Tengo nostalgia de todo lo que tuve en esos viajes. Los paisajes del desierto. El abrazo en la noche antes de dormir, el volar en el auto sobre el abismo. Bucear y recibir la bendición de las mantarayas. Buscar la luz del cielo en medio de la selva, adivinar los jaguares en medio de las sombras de la vegetación. Esparcirme como cenizas en Tikal.

Construyo un mundo en la pared del frente…

Propósitos

Un año nuevo sin propósitos perdería tradición.

A diferencia de otros años este año puedo ser más concreta.

Este año tendré mi propia cama, un refrigerador y aprenderé a coser.

Aumento mi voluntad, haré mi primer largo.

Haré una tesis, y tres artículos.

Saldré de viaje fuera del país.

Reconoceré más suculentas y más pájaros.

Leeré lo técnico, pero también lo no técnico.

Y no dejaré de tratar.

2335

El tirón en la nuca cuando escucho tu voz imaginada derramándose en el cuello que está bajo tu mano

-inexistente en el espacio universo de millones de puntos-

Un disparo adrenalínico enlentecido durante horas, días, semanas.

El tirón en medio de los ojos, la imagen a futuro, el antifaz sin plumas, el espacio posible, la palabra probable, la insinuación de la caricia, el etéreo espacio donde no estarás.

Como si no hubiera nada más que hacer te busco una y otra vez, debajo de mis silencios, de esas confesiones que no se hacen ni a la propia sombra, a lo que cubro en medio de la transparencia.

fin de lo probable, comienzo de lo imposible.